jueves, 28 de octubre de 2010

Happy halloween ?

Por Miguel González. Octubre 28, 2010

¿Alguna vez despertaste en la noche con tanto miedo que no querías ni mover tu cabeza por temor a lo que pudieras ver?  Seguro te provocaba miedo recordar la escena de alguna película que viste o la historia que alguien te contó sobre personajes terroríficos.  El punto es, ¿Qué necesidad hay de generar en los niños el stress de pensar que estos personajes horribles pudieran existir y aparecer de pronto cuando están solos para hacerles daño?
Me parece totalmente incongruente darles información de lo que es un vampiro, un demonio, una bruja y las cosas malas que pueden hacer para después pedirles que no tengan miedo. Peor aun, vestirlos como un asesino serial o un personaje malévolo y decirles que es divertido! Les estamos dando mensajes contradictorios que generan confusión en lugar de fomentar una convicción firme del significado de conceptos tan básicos como el bien y el mal.

Creo que es nuestra obligación como padres ayudar a nuestros hijos a crecer sin miedos absurdos y a convertirse en hombres y mujeres con convicciones y valores firmes. No es tarea fácil cuando la mercadotecnia y la sociedad fomentan prácticas y tradiciones como esta,  pero es nuestra responsabilidad enseñarles que, en la actualidad, la aceptación general no es un indicador de  que algo este bien y menos aun de que ellos lo tengan que hacer.

Por otra parte, creo que vale la pena también considerar el origen de esta celebración. Hay testimonios de personas que pertenecieron a sectas satánicas que cuentan como la noche de halloween siguen asesinando niños para ofrecerlos en sacrificio a los demonios que adoran. Esta es una realidad que se vive aun en nuestros tiempos y que ahora está también ligada en algunos casos con grupos criminales y narcotraficantes, pero que se originó en  los llamados aquelarres o reuniones de brujas que se llevan a cabo esa noche desde hace cientos de años. Como esta, hay muchas otras prácticas relacionadas con el ocultismo y  el satanismo que se realizan la llamada noche de brujas. La pregunta es ¿Quiero celebrar también estas prácticas y enseñar a mis hijos a hacerlo?

Las fiestas de disfraces son geniales pero, en el caso del halloween, el problema no es en realidad la fiesta y los disfraces sino el verdadero significado de esta celebración y como lo perciben nuestros hijos. La verdad, me parece patético enseñar a los niños a que acepten como divertido algo que por naturaleza es feo y les asusta. Tengo un hijo de cuatro años a quien le fascinan los disfraces pero no el halloween porque no entiende que la gente se disfrace de "los malos" y ponga "cosas feas" en sus casas. Como papá, lo que he hecho ha sido enseñarle a no tenerle miedo a estas cosas y explicarle que a veces las personas hacen cosas raras solo porque todos los demás las hacen pero que si a él no le gustan no tiene porque hacerlas ni sentirse mal por ello.

Como en todo, cada quien es libre de elegir lo que quiere hacer pero es importante recordar que hay muchas otras opciones de diversión que les podemos ofrecer a los niños y que los harán verdaderamente felices sin ponerles telarañas de miedo e inseguridad en la cabeza. Nuestros hijos se merecen solo lo mejor y es nuestra responsabilidad dárselo ¿No les parece?

Si quieres saber más, checa este artículo:
http://www.especialidadesjuveniles.com/recursos_articulo.asp?id=1669

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1 comentario:

  1. Indiscutiblemente tienes razón, en estos días tan difíciles por los que está pasando la humanidad no podemos dejarnos llevar por "celebraciones" absúrdas y maléficas que sin duda algúna como bien lo comentas tiene orígenes terroríficos que que nada tiene para celebrar y si le sumamos el extrangerismo peor aún, tan bello que es recordar a los seres que tanto amamos en el tradicional y mexicanísimo día de muertos, elevando una oración o simplemente recordándolos como fueron en vida, eso es lo que debemos arraigar en nuestros hijos, darles a conocer a los que ya se fueron y que por cuestiones de tiempo no coincidieron, podemos sacarle un provecho enorme de las enseñanzas que nos dejaron nuestros difuntos, transmitirlas y así hacerlos eternos.

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