Pensaba entender el valor de “dar sin esperar”.
Hablaba de Tu amistad conmigo,
pero aún no comprendía el valor de esa Verdad.
Sabía de Tu gracia y de Tu misericordia
y creía en el poder de Tu amor.
Pero como todo, algún límite tendría,
debería haber un punto en que lo infinito y lo eterno perdieran su color.
Y entonces me encontré en el límite de mi vida;
llegué a donde ya no debería haber perdón;
donde la obscuridad de la noche aumentaba la angustia,
sabiendo que merecido sería el dolor.
Y volviste Tu rostro y Tu mano a tu amigo
y Tu Amor a mi vida se reveló
cuando volviste a decir “No temas porque Yo estoy contigo”
“Tu condena y tu deuda la pago Yo”.
Y sé que Tus pensamientos son más altos que los míos,
Y sé que no puedo entender la grandeza de Tu Amor,
pero hoy quiero decirte “gracias por haber querido ser mi Amigo”
y por amarme a pesar de haberte fallado yo.
Por demostrarme con hechos
lo que es la verdadera amistad;
por haber vuelto a pintar mi mundo de color
y por devoverme la paz.
Gracias Amigo,
Gracias Padre,
Gracias Jesús.
Por: Miguel González
Marzo 31, 2010
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