jueves, 4 de junio de 2009

Aun recuerdas a tu Primer Amor?

Por: Miguel González. Junio 2006
Todo lo que Dios hace tiene un propósito y una razón de ser; todo lo que El hace esta bien; no se equivoca... y así, en un momento, todo lo que existe comenzó solo en su pensamiento, en la imaginación del Gran Soñador, el Gran Artista.

Así como de la nada pero en la más pura escencia de amor, Dios nos creó para ser Sus hijos. Nos hizo varones a unos y mujeres a otras, pero en cada uno de nosotros puso Su toque especial. Cuidó cada detalle... cada milímetro de ti. ¡Mírate! Mira tus manos, tus piernas, tus brazos, tu cabello, cada parte de ti existió un día solo en la imaginación del Gran Creador. Tú fuiste Su sueño, Su ilusión.

”Antes que te formara en el vientre, te conocí y antes que nacieras, te santifiqué”.
Jeremías 1:5 *

¡Imagina a Dios mientras te creaba, mientras te daba forma! Si lo intentas, entonces podrás ver como brillaban Sus ojos de felicidad y como sonreía al ir definiendo cada parte de ti y al ir dándole carácterísticas especiales a tu personalidad, tu caracter, tus habilidades, tus talentos, tu forma. Nada sin una razón, nada por casualidad, ni un solo descuido al ir creando a Su niño, a Su niña.

”Tú formaste mis entrañas; me hiciste en el vientre de mi madre.”
Salmos 139:13

Dentro de todo ese “paquete” puso tu alma, sopló para darte vida con Su propio aliento y te hizo nacer, pero no sin antes tomarse el cuidado de guardar en tu interior Su propio sueño, ese que lo motivó a crearte; ese que es la razón de tu existencia; tu misión en la vida.

”Desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios”.
Salmos 22:10

Por fin estabas listo, Su obra de arte estaba terminada. Entonces, te abrazó con todo Su amor. -“No te olvides de mi”, susurró a tu oido; -“No olvides cuanto te amo y que siempre te voy a amar... por toda la eternidad”. Te besó en la frente y te hizo nacer.

”¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? ¡Aunque ella lo olvide, yo nunca me olvidaré de ti!”
Isaías 49:15

Calor, obscuridad, movimiento, esfuerzo, mucho esfuerzo y de pronto... ¡Naciste! ¡Un shock muy fuerte para ti! De pronto descubres lo que es sentir el viento en tu piel, sientes los brazos de alguien levantándote y tu no entiendes nada , entonces lloras... porque ni siquiera lo sabías pero sabes llorar, ¡y gritar fuerte!

”En Ti he sido sustentado desde el vientre... para ti será siempre mi alabanza.”
Salmos 71:6

Como al parecer eso es lo único que sabes hacer por ahora, lo haces por un buen rato hasta que de pronto sientes el abrazo de alguien a quien no habías visto antes, no sabes porqué pero hay algo que te hace sentir paz al estar a su lado, te hace sentir bien, protegido... te hace sentir algo que te recuerda un poco el gran amor que sentías allá, en ese lugar que acabas de dejar pero que ahora te parece tan distante; allá donde fuiste creado por El, tu Padre, tu Dios, tu Primer Amor.

”Pero Tú eres el que me sacó del vientre, el que me hizo estar confiado desde que estaba en el regazo de mi madre.”
Salmos 22:9

A partir de este momento, tu historia y la de todas las personas toman rumbos diferentes; algunas son similares y otras no tanto. El mundo da vueltas y todo parece estar en constante cambio pero hay algo que no ha cambiado: Tu sigues siendo el niñito o la niñita que Dios creó un día, tú sigues siendo Su inspiración, el motivo de sus sonrisa, el hijo que espera que vuelva para quedarse junto a El por toda la eternidad.

"Con amor eterno te he amado; por eso te prolongué mi misericordia.” Jeremías 31-3


¿Cómo podemos llegar a olvidar un amor así? ¿Cómo podemos dejarnos llevar por la vida y las distracciones olvidándones del origen de nuestra existencia y nuestra razón de ser? Dios no se cansa de buscarnos, lo hace con la desesperación de un padre a quien Sus hijos han olvidado por ir detrás de algo o de alguien más. Te habla, te envía mensajes que te hagan volverte a El para que lo recuerdes y lo seguirá haciendo mientras tengas vida porque no quiere que llegues al final del camino sin encontrarlo; quiere que regreses a Su lado para estar con El por toda la eternidad, no que seas apartado de El para siempre.

Si este fuera tu último día de vida, ¿Estarías dispuesto a escuchar Su voz?
¿Le abrirías tu corazón? Nunca sabes cual es tu última oportunidad.
¡Aprovéchala!

“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta , entrare en él y cenaré con él y él conmigo” Apo. 3:20.
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